sábado, 29 de octubre de 2016

Partida de rolemaster: Puente negro; parte 1

Empezaré presentándome. Mi nombre es Ilgair Narvale, tengo el pelo hasta la cintura y un ojo de cada color, y además soy un elfo, algo que no está bien visto entre humanos. No os contaré nada de mi pasado por ahora porque no es para nada feliz y además no viene al caso. Vivo en Jolk, o como se conoce por la zona, Puente negro. Trabajo para el señor de la zona como guardabosques, mi trabajo básicamente consiste en impedir que los fugitivos, proscritos o incluso gente del pueblo se adentre en el bosque y coja cosas que no son suyas, todo lo que hay en el bosque es del señor.
Y ahora que ya me conocéis un poco os contaré lo que viene sucediendo en el pueblo.

Desde hace unas semanas se habla de guerra y se está reclutando a todo hombre capaz de luchar, a mi, como es lógico, me toca cumplir con mi deber. Esa noche hacía un poco de frío y comenzaba a lloviznar, Galach, nuestro capitán, nos había reunido a seis personas cerca de las carboneras, al parecer un grupo de cuatro espías había sido avistado cerca de las mismas y debíamos encontrarlos y deshacernos de ellos. Allí estábamos Teiak, un veterano en esto de la guerra; Vagnar, aficionado a la música que trataba de distraernos tocando su flauta de caña; Gralo, una persona enorme a la que todos llaman el gigante pero sin que él lo sepa o te suelta una hostia; Warrick, un chico que habían reclutado para la ocasión y que trabaja como leñador, y Willard, cuya habilidad con la alabarda podría partirte en dos sin que te dé tiempo a pestañear.

No entendíamos muy bien porque no nos poníamos en marcha hasta que tras unas preguntas el capitán nos dijo que debíamos esperar refuerzos. Al poco vimos tres figuras asomarse, dos de ellas iban cargadas con lo que parecía un arcón, el otro portaba una capa negra y tenía mal aspecto, emanaba un aura algo extraña. Al llegar hasta nosotros abrieron el arcón y de él salieron espadas largas, el hombre de la capa nos ordenó que dejáramos nuestras armas, en mi caso dos espadas cortas, y cogiéramos una o tal vez dos, si se daba el caso, de las que ellos habían dejado. Willard y yo  nos opusimos, no por desobedecer, sino porque ninguno de los dos sabía usar aquellas armas, a Willard lo dejaron estar pero en mi caso concreto el hombre de la capa me dirigió una mirada que pareció matarme y me preguntó si sabía usar daga, "sí", le dije, "no es muy distinto de una espada corta que es la que yo uso", de modo que se abrió la capa y me hizo entrega de su arma, una daga adornada con piedras preciosas en la empuñadura y de filo muy cortante, por supuesto me dijo que debía devolvérsela entera o la pagaría, no sabía si con dinero o con mi vida, no quise preguntar. 

Por el momento yo me sentía algo confuso, si nuestra misión era buscar a los cuatro espías ¿por qué nos hacen cambiar de armas?, sea como sea, y tras coger cada uno su correspondiente arma nos dirigimos por fin a las carboneras. Tardamos un poco en decidir como íbamos a distribuirnos, si de dos en dos, de tres en tres... al final decidimos ir de tres en tres, más que nada porque así nos era más fácil y no usaríamos tantas antorchas que a fin de cuentas podrían descubrir nuestra posición. Tras un buen rato de paseo por las carboneras, mirando a todos lados e incluso mirando dentro, por si las moscas, sabíamos que era difícil puesto que las carboneras se pasan las veinticuatro horas del día encendidas, solo encontramos un rastro de heces de alguna alimaña, eso nos llevo hasta otro rastro que aparecía en una de las carboneras, unas pequeñas huellas tubulares y muy separadas entre sí, como no teníamos más pistas decidimos seguirlas, iban en dirección a una hondonada, el suelo allí era más rígido por lo que perdimos la pista. Después de discutir un poco decidimos investigar un poco más y yo me subí a un montículo por ser quien mejor se ve sin necesidad de luz. Desde lo alto del montículo no se veía nada por lo que decidí subirme a un árbol que había cerca, y desde él pude vislumbrar algo que me llamó la atención, un grupo de cuervos parecía estar devorando un cuerpo algo más adelante dentro de un descampado, no supe distinguir si de persona o animal, me acerqué un poco más tratando de no ser visto ni por los cuervos ni por nadie que pudiera estar allí, pero tampoco pude distinguir en esa ocasión de que se trataba aunque olia fatal, justo donde estaba había un rastro de sangre que iba en dirección al cuerpo, decidí volver a informar. 
Entre todos decidimos seguir la pista y fuimos hasta el descampado, y Teiak decidió espantar a los cuervos y averiguar que era aquello que se estaban comiendo. Los cuervos volaran en espantada, desde luego si hubiese habido alguien más aparte de nosotros era evidente que ya nos habrían descubierto. El cuerpo era de una persona, o casi, estaba desmembrado, las piernas habían sido cortadas con algo afilado, las tripas estaban por fuera y los brazos estaban arrancados y además parecía que hacía tiempo que había muerto, se notaba por la descomposición. No sé como no nos pusimos a vomitar allí mismo. 
Tras deliberar un rato sobre qué o quien pudo haber hecho esto, y sobretodo preguntándonos quien era aquel pobre desgraciado, yo ofrecí la idea de seguir el rastro de sangre hasta ver de donde provenia. Todos estuvieron de acuerdo. Tanto yo como Willard, que era quien mejor rastreaba de todos, íbamos en cabeza. El rastro nos llevó hasta otro montículo, pero éste era algo más complicado de subir, puesto que era resbaladizo por la lluvia que en esos momentos ya empezaba a caer fuerte, además era muy empinado. Subimos como pudimos y desde él vimos una pequeña abertura que se adentraba en la tierra oculta entre las raíces de un árbol. Lo curioso es que de dentro salía un sonido parecido a una voz. Hicimos subir a los demás y tras escuchar todos el sonido pensamos que podría tratarse de alguno de los espías quienes estuvieran escondidos allí, de modo que lanzamos una antorcha al interior, lo que vimos nos dejó un poco sorprendidos, había una especie de construcción de piedra. 
Decidimos bajar; yo fui primero y efectivamente aquello no era natural, era una estancia que parecían unas catacumbas. Incluso me dio tiempo a ver un sarcófago hasta que fui atacado por algo reptante, al principio no pude ver que era pero pronto me fijé que se parecía a una escolopendra gigante, digo gigante porque eran tan grandes como mi brazo, sí, eran, había cinco en total y dos ya estaban intentando morderme. Willard en ese momento estaba bajando y también sufrió el ataque de dos de ellas. Saqué mi cuchillo y traté de quitármelas de encima pero era muy rápidas. a mi no consiguieron morderme pero Willard no tuvo tanta suerte y le mordieron en el pie y en la mano, haciendo que el pie se le hinchase y empezase a sangrar. Warrick bajó también y a medio camino sufrió la mordedura de la criatura que aún no había decidido su victima, estuvimos un buen rato lidiando con esas cosas y Teiak en un acto de valentia bajó en nuestra ayuda. ¡Maldita sea mi vida! si no estuvimos dos minutos para quitarnos esas cosas de encima. Después de que yo apuñalará a las mías, de que Warrick se deshiciera de la suya y de que Teiak consiguiera arrancarle a Willard la última de las criaturas, aunque he de decir que salió viva la muy...vimos que Willard estaba malherido, las mordeduras producidas por la escolopendra le hicieron sangrar mucho y se le había hinchado el pie de mala forma. Willard parecía algo mareado y por suerte Teiak le hizo una primera cura para taponar la hemorragia. Tras, como digo, deshacernos por fin de todas esas hijas de puta, y tras administrar los primeros auxilios a Willard, decidimos que era mejor que éste subiera y a poder ser alguien le ayudará a llegar al campamento base, ya que aquí poco más podía hacer, pero Teiak nos insto a que nos esperáramos un poco por temor a que se le abriese la herida. De modo que allí nos quedamos, con ganas de inspeccionar las catacumbas y saber algo más del lugar, y de momento de nuestra misión, que les recuerdo era buscar a unos espías, parece que nos hemos olvidado.

CONTINUARA...

viernes, 21 de octubre de 2016

Vida de Ilphil. Relato inconcluso.



Muchos conocéis a Ilphil, una gnomo que aparece algunas veces en las partidas de rol, y muchos me habéis preguntado por su historia. Pues bien, aquí hay parte de la misma, la parte que escribí. Todavía queda mucho hasta llegar a los días en los que aparecía en partida, y posiblemente se pueda escribir mejor, pero os lo dejo como curiosidad.
No sé si algún día terminaré la historia y me pondré a escribir un libro sobre su biografía pero nunca se sabe.

Año 939
Pueblo de Ant
Decidieron ponerle un nombre bastante largo, raro y difícil de pronunciar. Su intención era que todo el pueblo la conociese y se hiciese famosa entre los suyos, esos dos motivos bastaban para ellos al momento de decidir que su hija no iba a tener presente la tradición de mezclar los nombres de los progenitores para nombrarla. La decisión fue tomada en el pueblo como un insulto pero los gnomos pese a orgullosos son en cierto modo solidarios y los reproches no tuvieron mucha repercusión, además ya eran pocos, (unos cincuenta). Durante los ultimos diez años solo había nacido Olorcini y si se llevaban a mal con el matrimonio Perebo éste podría abandonar el pueblo, y eso era algo que no podían permitirse. Fue así como la hija de Tisgid Perebo y Evinther Yeal, pasó a llamarse Ilphilpeleneas Perebo. Años más tarde la gente empezaría a acortar su nombre y llamarla simplemente Ilphil, como también era costumbre entre los gnomos.

Año 948
Pueblo de Ant
El noveno cumpleaños de Ilphil fue muy importante para ella, no solo porque cumpliera nueve años, sino porque a esa edad era cuando debía decidir sobre su futuro. Si iba a ser una agricultora como sus padres o si por el contrario iba a dedicarse al estudio de alguna ciencia.
-¿Y bien Ilphil, cual es tu decisión?- preguntó su padre con ojos tiernos. Esperaba que hija los ayudase con los campos de trigo.
-Quiero ser alquimista- dijo con total seguridad, tal era así que sorprendió a todos los presentes.
-¿Alquimista?, pero hija, eso es complicado, quiero decir que, a parte de Plogroc nadie de por aquí tiene libros.- su madre creyó poder convencerla con esto pero la decisión había sido tomada e Ilphil insistió, por lo que sus padres se vieron obligados a rogarle a Plogroc que enseñase todo cuanto estuviese a su alcance para que su hija estuviese preparada para estudiar alquimia llegado el momento. Harto complicado pues para ello debía ir a una ciudad humana y los gnomos no son muy amigos de los humanos como seres desconfiados que son. Además, no sabían de escuelas de alquimia en las cercanías y se preguntaban como era que Ilphil sabía de tales artes.
-Lo soñé. Pranos me lo dijo en sueños, me dijo que yo debía ser alquimista porque es importante que lo sea- fue lo que alcanzó a decir, y era verdad.
-Pranos, el dios de la magia, ¿te ha hablado en sueños?. Hija deberías jugar menos con Olorcini, ese niño tiene la cabeza llena de pájaros.- su madre dijo muy seria aquellas palabras, pero Ilphil solo sonrió y Evinther no pudo sino más que devolverle la sonrisa, aunque en su interior quería coger a su hija y darle una buena tunda por mentirosa. No lo hizo. Nunca había golpeado a su hija y no iba a ser su primera vez. Se resignó a pensar que su hija era solo una niña todavía y que su mente solo pensaba en juegos absurdos.
Año 956
Pueblo de Ant
-¿Seguro que es esto lo que quieres hija?- Tisgid miraba a Ilphil con ojos llorosos mientras ésta preparaba su equipaje. El momento había llegado, Ilphil tenía ya dieciocho años y su decisión de convertirse en alquimista seguía siendo su primera y única opción. Gracias a Plogroc, que no les había salido gratis, había aprendido todo cuanto se puede aprender sobre dioses, ciudades, historia, magia y demás cosas útiles para entrar a una academia.
-Seguro papa.- sonrió - Vendré siempre que pueda a visitaros.- estas palabras no terminaron de convencer a sus padres quienes ya se habían resignado a que hija se marchaba de casa. Y tal vez para siempre.
La despedida fue emotiva y todos lloraron. Ilphil la que menos pero aún así no pudo reprimir sus lagrimas al despedirse de sus padres, y de Olorcini, su amigo de toda la vida y el cual estaba enamorado de ella hacía ya años, aunque nunca se lo dijo.
Ilphil siguió el largo camino que la conduciría hasta su destino, la ciudad de Brisel, la más cercana al pueblo de Ant y en la cual esperaba encontrar quien le enseñara alquimia. Por delante tenía meses de travesía. En realidad no sabía si las academias de alquimia existían pero por lo que hubo leído en los libros de Plogroc, esperaba que así fuera ya que en éstos se mencionaban. Pronto descubriría que su sueño no se cumpliría tan fácil. Mientras viajaba y se alejaba cada vez más de sus tierras pensaba en si llevaba bastantes provisiones para el camino. Deseo, de no ser así, encontrar alguna taberna o aldea. Claro que desconocía si el pequeño montón de oro que sus padres le habían dado le serviría para comprar comida humana.
Año 956
El Camino Real
El paisaje en esa región siempre había sido bonito. Árboles, ríos, campos, prados y montañas hacían el viaje mucho más agradable.
Llevaba ya diez días de camino sin ver una aldea o pueblo, tan solo algunas granjas solitarias en las que había pedido pasar la noche y para su suerte las gentes eran amables y no se habían opuesto. Incluso en ocasiones les agradaba la idea de tener compañía con la que compartir momentos de charla amistosa, cuando encontró el camino Real. Se sintió algo decepcionada al encontrarse con que el camino, que a fin de cuentas era el más usado del reino, era mucho menos bonito y estaba peor cuidado que el dejado atrás, un camino secundario apenas frecuentado.

Fue el día decimoquinto, tres semanas después de dejar su pueblo y familia atrás cuando lo vio. Una figura de estatura pequeña andaba por el camino al parecer en la misma dirección que iba ella. A pesar de que aún se hallaba a cierta distancia, pudo distinguir con claridad que se trataba de un gnomo. La forma de andar y la altura lo delataban. No dudó en acercarse y saludar, desde que dejó atrás el pueblo no había visto ninguno y le interesaba saber si lo conocía o por el contrario pertenecía a otro pueblo gnomo, y de ser así donde se encontraba. Llevaba una mochila similar a la suya y un bastón con el que se apoyaba, no por que estuviese enfermo o cojo, sino por comodidad.
-¡Hola!- dijo a pocos metros. El gnomo se giró y no pudo más que sonreír al ver a una gnomo tan cerca.
¡Hola!- Respondió. El gnomo sintió una punzada en el pecho al momento de verla. Era el gnomo más guapo y atractivo que había visto nunca y se ruborizó al tiempo que le devolvía la sonrisa.
-No esperaba ver un gnomo por aquí. ¿De donde eres?- dijo Ilphil después de un minuto incomodo.
-Podría decir lo mismo. Es decir, no esperaba ver a una gnomo y menos tan...guapa- dicho esto trago saliva y espero que no se ofendiera. Pero, ¿quien se ofende por algo así?. Ilphil solo sonrió y le dejo hablar. -Soy de la aldea de Normis, a dos días hacía el este. Y me llamo Nalveferstien Meroido, pero me puede llamar Nalve-
-Yo soy Ilphilpeleneas Perebo y soy de Ant, al norte siguiendo el camino Real y desviándote al oeste por el camino secundario de Kilamont, a cinco días de camino, pero puedes llamarme Ilphil. Nunca escuché de una aldea gnomo llamada Normis- Ilphil se volvió a ruborizar y pensó si no sería porque le gustaba. ¿Pero como le podía gustar si lo conocía de hace cinco minutos?. Tenía que ser por otra cosa. O eso pensó.
-Vera, señorita Ilphil. No es una aldea de gnomos. Es humana-
-¡Oh!. Entiendo. Pero por favor, no me llames señorita. Tutéame y yo haré lo mismo si no te molesta.-
-En absoluto- respondió y le hizo una reverencia. -Es un placer conocerte, Ilphilpeleneas Perebo. Si me lo permites te acompañaré en el camino hasta que el destino nos haga ir a cada uno por el suyo.-
-Voy hacía Brisel a estudiar alquimia-
-¡Qué casualidad!. Yo también voy a Brisel, solo que en mi caso es para abrir una relojería. De modo que, ¿porque no vamos juntos?-
Ilphil creyó que el corazón iba a salirsele del pecho y solo pudo asentir feliz de tener compañía, una compañia que no le desagradaba en absoluto.
Nalve le contó durante los siguientes días su historia. Sus padres habían sido dueños de una relojería en la aldea de Normis. Ahora que habían fallecido decidió dejar atrás la aldea y buscar suerte en una ciudad. Ilphil le dijo que lamentaba lo de sus padres y le contó su historia y del sueño que tuvo hace nueve años y por el cual decidió convertirse en alquimista.
Al cabo de dos semanas llegaron hasta el pueblo de Mons. Un pueblo de agricultores como la mayoría de la zona. Durante ese tiempo se empezaron a conocer un poco mejor ambos, ya podía decirse que eran grandes amigos y conocían los secretos, gustos y aficiones de ambos. Podía decirse que se gustaban mutuamente, aunque ninguno de los dos se atreviera a dar el paso ambos lo notaban y la falta de experiencia de los dos era lo que impedía ir más allá, puesto que cuando alguno pensaba en decirlo rápidamente se arrepentía por temor a precipitarse. Menuda tontería.
En Mons compraron provisiones y descansaron durante dos días en la granja de una amable familia que les permitió quedarse a cambio de unas pocas monedas. Luego continuaron su viaje.
Por allá donde iban veían los campos de cultivo, las granjas y las pequeñas aldeas y pueblos cercanos al Camino Real. Aquellos días soleados les parecían el paraíso y no podían pedir más felicidad. Bueno si podían, pero seguían sin atreverse ninguno de los dos. Por las noches observaban las estrellas cuando les tocaba dormir en el camino. A pesar de estar vigilado por la guardia del reino decidieron dormir por turnos y cuidar uno del otro. Nalve veía a Ilphil y le parecía la cosa más bonita del mundo. Si tan solo tuviese más valor le podría decir lo que sentía. Ilphil por su parte no podía apartar la vista de Nalve cuando éste dormía, y pensó muchas veces en abrazarlo mientras lo hacía. Pensó también en lo mucho que desearía poder acariciar aquella cara y besar aquellos labios.
Habían pasado cuatro semanas cuando divisaron a lo lejos la ciudad de Brisel. A ambos les pareció sorprendente ya en la distancia. Desde donde estaban se podían divisar las grandes torres de la muralla que la rodeaba. Se subieron a una colina cercana para verla mejor. Y acertaron. Por suerte para ellos las murallas no eran muy altas y pudieron ver la ciudad. Montones de gente iba y venía como hormigas. A lo lejos se divisaba el mar, azul y claro con grandes embarcaciones. Las calles parecían empedradas y todo parecía tener un brillo especial a sus ojos. Un río cruzaba la ciudad de extremo norte y viraba al oeste cerca del centro. Fue aquí cuando Nalve viendo el destello en los ojos de Ilphil la miró con ternura e Ilphil que se dio cuenta se giró hacía él. Se besaron.

Año 956
Ciudad de Brisel
Entraron en la ciudad pocas horas después cogidos de la mano. Todo les parecía hermoso ese día y no repararon en la suciedad, los mendigos y el mal olor que desprendía aquel sitio. Aunque bien es cierto que si quitamos eso la ciudad era un lugar hermoso con grandes casas de piedra blanca y gris. Torres altas terminadas en punta. Templos y tiendas por doquier. Y gente, mucha gente. Sobre todo humanos pero también enanos y elfos. No vieron a ningún gnomo. Aquello al principio no les importó demasiado. Se tenían el uno al otro y eso les bastaba.
Lo primero que hicieron fue buscar una posada donde pasar la noche. Encontraron una cerca del centro junto al río. Se llamaba “el cerdo feliz” aunque no tenía nombre en la puerta, por lo visto nadie sabía leer en la ciudad, solo un cerdo hecho con tablones sujetando un cerveza, del nombre se enteraron más tarde pues las gentes la habían nombrado así.
Pidieron una habitación y descansaron toda la tarde y noche. Si es que a hacer el amor se le puede llamar descansar.

Tenían claro que debían buscar un hogar. Hablaron durante los días siguientes de convivir juntos en alguna casa alquilada donde Nalve pudiese además montar su relojería. Buscaron por toda la ciudad hasta que encontraron una que les convenció cerca del templo de la diosa Nuris. La casa era grande, tenía dos habitaciones y un gran salón, además de la entrada principal que les serviría de tienda. Mientras la acondicionaban a su gusto Ilphil buscaba una academia de alquimia, se llevó una decepción cuando descubrió a los pocos días que éstas habían desaparecido. Nalve la consolaba.
-Aunque las academias hayan desaparecido, tal vez quede alguno de los antiguos profesores. ¿Por qué no tratas de localizarlos?-
Esto a Ilphil la animó y le hizo caso. Buscó quien la pudiera enseñar sin éxito. De no haber sido por Nalve ella habría abandonado la ciudad y buscado en otra. Pero él era suficiente para que ella abandonara esa idea. Se resignó pues a ayudarle como relojera y aprendió el oficio cuando pasado dos meses no encontró a nadie.
Año 960
Ciudad de Brisel
La tienda funcionaba a las mil maravillas. Como la mayoría de la gente de la ciudad no sabía leer no pusieron nombre, solo un reloj grande sujeto por un gnomo hecho de madera. Pronto la gente la llamaría “la relojería de los gnomos”. Se hicieron conocidos en toda la ciudad e incluso de fuera de ésta. Nalve resultó ser mejor relojero de lo que Ilphil creyera al momento de conocerle. Era capaz de fabricar relojes y arreglarlos con suma facilidad. Y ella había aprendido bien el oficio, durante un tiempo estuvo buscando a intervalos a alguien capaz de enseñarle alquimia. Preguntó a todos cuantos entraban en la tienda si conocían a alguien con tales artes, pero siempre sin éxito. Cuando a los dos años reunieron dinero más que suficiente decidieron casarse. Ahora, dos años más tarde Ilphil estaba embarazada. Todo empezó cuando un día de verano se sintió mareada y confusa. Al principio lo achacaron a comida en mal estado pero viendo que pasados unos días ella seguía igual, decidieron ir al curandero, quien les dio la noticia y un remedio para los mareos. Estaban tan ilusionados que los siguientes días hacían el amor constantemente. Decidieron fabricar una serie especial de relojes que consistía en un pequeño bebé sujetando un reloj esférico. Fue todo un éxito de modo que continuaron fabricando esa clase de relojes. Ahora los adornaban también con animales de toda clase. Aquello les proporcionó un dinero suficiente para comprar todo lo necesario para el nacimiento del bebé. Ilphil ardía en deseos de contárselo a sus padres, a los cuales no había visto desde su partida. En ocasiones lamentaba el hecho de no poder ir a hacerles una visita y se prometió que apenas naciera su hijo iría. A Nalve le pareció bien y además tenían dinero suficiente para tomarse unas merecidas vacaciones. Lo malo del asunto era dejar la tienda sin nadie que la atendiera, seguro que eso les repercutiría perdidas, no solo económicas, sino también de clientes. Fue así como buscaron a un ayudante que les atendiera la tienda mientras ellos no estuviesen.
Cuando Ilphil estaba ya de cuatro meses encontraron a un chico de confianza llamado Oliver. Su padre había trabajado en los molinos y algo había aprendido, y aunque los molinos y los relojes son distintos, el chico tenía muchas ganas de aprender. Le enseñaron todo lo que sabían y pronto fue tan bueno como ellos.
Con la llegada de las fiestas de invierno llegó también el nacimiento de su hijo. Tenía los ojos de ella y la nariz de él. Decidieron ponerle el nombre de Nalvephil Meroido, cumpliendo así con la tradición de mezclar los nombres de ambos para nombrar a sus hijos. Ilphil lamentó una vez más que sus padres no estuvieran presentes aunque se sentía feliz por tener un hijo y un marido al que amaba tanto. Nalve le prometió que apenas pasaran unas semanas marcharían de viaje hacía Ant para visitar a los padres de ella. Un mes después dejaron la tienda a cargo de Oliver, quien había resultado ser muy responsable, y partieron de viaje.
Año 960
Pueblo de Ant
El viaje de vuelta fue tranquilo. No tuvieron ninguna clase de problemas salvo quizá que cargar con el niño a cuestas a veces resultaba cansado pese a que se iban turnando. Estaba ya entrado el invierno y abrigarse bien era lo más importante. Nueve semanas después llegaron a Ant. El pueblo seguía igual y a Ilphil le alegro llegar en invierno cuando los arboles estaban helados. En ellos se formaban flores de hielo y ofrecían un espectáculo agradable a la vista. A Nalve le agradó mucho el pueblo.
Cuando entraron en la casa los abrazos y los lloros fueron imposibles de detener. Ilphil nunca había visto a su padre llorar tanto, ni siquiera durante su partida, pero ahora cuatro años más tarde la alegría lo había embargado. Estaban algo cambiados, con más canas y más arrugas. Ilphil pensó que el tiempo pasa para todos. Al ver a su nieto la alegría fue mayor aún, no esperaban que Ilphil en solo cuatro años hubiese conocido a alguien y se hubiese casado.
-Podrías habernos mandado alguna carta- le reprochó su madre.
-Pero mama, si no sabéis leer- sonrió Ilphil y su madre ya no dijo nada sobre eso.
Una vez hechas todas las presentaciones, los abrazos, los lloros, la comida y las risas, Ilphil fue a ver a su amigo Olorcini, el cual se alegró de verla. La abrazó y la besó en las mejillas. La miraba con ojos tiernos. Seguía enamorado de ella. La llevó hasta un claro cercano a un riachuelo y allí hablaron sobre los últimos cuatro años. Cuando Ilphil le contó que estaba casada y que tenía un hijo a Olorcini casi le da un vuelco el corazón. Fue como una puñalada, no pudo reprimir sus palabras.
-¿Y nosotros?- replicó con ojos llorosos.
-¿Nosotros?, seguiremos siendo amigos, nada ha cambiado salvo que ahora vivo más lejos.-
Olorcini negó con la cabeza. - Pero yo..yo te quiero Ilphil, siempre te he querido.- se sonrojó e Ilphil supo a que se refería.
-Lo siento Olo, yo amo a Nalve y amo a mi hijo, y también a ti, pero solo como amigo- Olorcini se levantó y salió corriendo sin que
Ilphil pudiese impedirlo. Aunque lo intentó.
Cuando le contó a su familia lo sucedido todos se volcaron en la busqueda del chico, Nalve iba junto a Ilphil porque no lo conocía. Preguntaron a todo el mundo, incluidos la familia de Olorcini pero nadie parecía haberlo visto desde que los vieran partir hasta el claro. Por cierto, todos se alegraron de ver a Ilphil y su nueva familia.
Cansados ya y anocheciendo decidieron regresar a casa y comer algo. Ilphil se sentía culpable y Nalve trataba de consolarla diciéndole que no era culpa suya. Cenaron, Ilphil no comió mucho. Fue cuando estaban a punto de ir a dormir cuando alguien llamó a la puerta. Abrió Tisgid quien llamó a Ilphil de inmediato. Se trataba de Olorcini, estaba borracho y parecia haber envejecido veinte años.
-Lo siento- fue lo máximo que alcanzó a decir antes de caer sobre los brazos de la gnomo.
Lo llevaron hasta una cama y lo acostaron. Ilphil se sintió más tranquila, por un momento llegó a pensar en que su amigo había hecho una locura, por suerte solo se había emborrachado seguramente escondido en alguna parte donde nadie lo podía encontrar. “Que duerma” pensó, a la mañana siguiente iba a llevarse una buena reprimenda de su parte.
Cuando Olorcini despertó estaba sentada a su lado mirándolo con ojos serios y enfadada. Olorcini la vio y apartó la mirada. Le soltó un bofetón.
-Que sea la última vez que haces algo así. ¿Te parece bien haber desaparecido como lo hiciste y volver borracho?, ¿sabes por lo que pasé, por lo que pasamos todos buscándote?- le dijo con tono firme.
-Lo siento- fue lo máximo que alcanzó a decir.
Ilphil lo miraba y negaba con la cabeza - eres mi amigo y me preocupo por ti y te quiero, pero debes entender que yo ahora tengo una familia y una vida fuera de este pueblo-
-Lo sé. Lo entiendo-
-Has de buscar tu propio camino como hice yo. Sé que te gusta este pueblo, sé que tienes miedo de salir al mundo humano pero, si no buscas tu destino bien aquí o bien fuera, ¿qué clase de vida te espera?-
Olorcini asintió -descansa bien. Te avisaré para la comida- le dijo Ilphil ya más calmada y se marchó dejándolo solo.
Después de comer hablaron bastante. Olorcini le dijo que tenía razón y le prometió que buscaría que le gustaría hacer. Por ahora seguiría en el pueblo trabajando los campos pero que pronto tomaría una decisión y se lo haría saber tan pronto como la volviese a ver.
Cinco días después llegó el día de la despedida. Ilphil los abrazó a todos y les prometió volver en cuanto le fuese posible.
Nalve también se despidió de todos con abrazos y prometiendo que cuidaría de Ilphil todo cuanto podía alguien cuidar a otro.
Fue así como emprendieron el camino de vuelta.

Año 961
Ciudad de Brisel
Ologren entró en la relojería y vio a Nalve montando un reloj. Saludó.
-¡Hola!, soy Ologren y vengo buscando a un gnomo que quiere aprender alquimia. ¿Eres acaso tú ese gnomo?-
Nalve miró a los ojos al anciano, tenía el pelo canoso, nariz prominente y ojos profundos. Negó con la cabeza y llamó a Ilphil. Después de las presentaciones oportunas Ologren le comentó sobre los rumores que habían llegado hace tiempo a su casa.
-¿Has vivido todo este tiempo en Brisel. ¿Por qué justo ahora te muestras ante mi y no cuando buscaba a quien me enseñara?- le preguntó por fin.
-Antes no quería un discípulo y por eso es que traté de ser discreto con mis artes, pero tras pensarlo bien he decidido que con mi edad y sin hijos debo dejar en legado todo lo que sé para que no se pierda. Tú eres un gnomo y como tal posees un talento natural para la magia. Además pareces interesada desde hace tiempo. No se me ocurre ningún discípulo mejor. Y todos de por aquí dicen que sois excelentes personas.- Esto pareció convencerla. Miró a Nalve quien le asintió con la cabeza. Así Ilphil ya tenía maestro de alquimia, algo que la alegraba y al tiempo la asustaba, se preguntaba, y nunca lo había hecho, si sería apta para aprender. En cualquier caso ella estaba ilusionada y no era momento de derroteros.
La alquimia es una ciencia que se combina con la magia. La parte científica se encarga de analizar, separar y preparar los ingredientes necesarios para llevar a cabo mezclas que produzcan los efectos mágicos. La parte mágica por su parte se basa en antiguos rezos dedicados a los dioses arcanos, estos son Nuris, diosa de la luz; Nensair, señor del caos; Nyros, señor del orden y Antethra, señora de la justicia. Estos rezos contienen un alto poder mágico mediante el cual los ingredientes preparados alquímicamente se combinen y produzcan los efectos deseados. Las palabras usadas mediante los rezos indican cuales son estos efectos. Se cree que los dioses otorgaron este poder a los humanos para que les ayudaran en las tareas más comunes como la agricultura, la pesca, la caza, la minería...Pero llegó un punto en que los humanos transmitieron sus conocimientos a las demás razas, elfos, enanos y gnomos, y no solo eso, si no que además se corrompieron usando la alquimia para hacer el mal. Durante años la iglesia de Nuris ha tratado de controlar estrictamente a los alquimistas y para tal fin crearon un sistema de registro por el cual todos los alquimistas debían pasar para que se tuviera conocimiento de ellos. A todo aquel que se dedique a la alquimia y no se dé a conocer en la Inquisición de Nuris, como se la conoce, se le trata como a un criminal y puede llegar a pasar un tiempo en la cárcel.
Cuando un día del año 953 se decidió eliminar el registro de alquimistas por orden real la Inquisición de Nuris ejerció todo su poder para que se cerraran las academias en donde la alquimia se pudiese aprender.
Le enseño su laboratorio como a él le gustaba llamarlo. Estaba situado al otro lado del río, cerca de la ciudadela donde vivía la gente rica. En él había alambiques, estanterías llenas de libros, frascos de cristal con sustancias aún desconocidas para ella, plumas, tinta,

montones de papeles amontonados en el suelo y un sinfín de instrumentos que era incapaz de identificar. Aquello le dio ganas de empezar cuanto antes y aprender todo cuanto estuviese en su mano.
Una semana después, tras haber organizado el lugar, se pusieron a estudiar. Profesor y alunma pasaban cerca de ocho horas diarias entre libros y alambiques de alquimia. Ilphil aprendía rápido y ponía mucho interes. Nunca antes, salvo quizá cuando conoció a Nalve y nació su hijo, se había sentido tan feliz. Eso era para lo que ella había nacido, lo notaba, algo en su interior le decía que ese deseo suya tenía una fuerza superior que la guiaba y que no era tan solo un capricho.
Nalve por su parte, acompañado de Oliver, se las apañaba bien en la tienda y se sentía feliz de ver a su mujer tan alegre y llena de vida, no es que antes no lo estuviese pero desde que empezó con las clases le daba impresión de que ella era más feliz y eso lo hacía al tiempo más feliz a él.

Año 962
Ciudad de Brisel
Ilphil aprendía deprisa, más deprisa de lo que él había sido capaz durante su aprendizaje. Recordó que su primer hechizo bien hecho tardó casi dos años en llegar. Pero su aprendiz, esa pequeña gnomo de sonrisa permanente, le costó tan solo unos meses. No fue nada importante, tan solo una pequeña esfera de luz que iluminaba como una antorcha. No obstante era prometedor que, más pronto que tarde, ella se convertiría en una gran alquimista. “Eres increíble” fue todo lo que alcanzó a decirle cuando lo consiguió a la primera. Hasta ahora el aprendizaje había consistido en aprender los nombres, las formulas, las mezclas, los gestos y las palabras arcanas, y no creyó que nadie fuese capaz de conseguir hacer aquello en su primer intento, siempre había algo que se olvidaba, una palabra, un gesto, un ingrediente, sin embargo no fue esta vez el caso y eso los alegró a ambos.
Ese mismo año Ologren cayó enfermo. Estaban estudiando un hechizo nuevo cuando cayó al suelo de repente, Ilphil se asustó y tras tatar de reanimarlo sin éxito fue a buscar al curandero. Las fiebres eran muy fuertes.
-Necesito hojas de lura para una cataplasma pero se me han terminado y me temo que no puedo buscarlas, al menos no hoy- le dijo a la gnomo.
-Tal vez yo pueda ir si me dices como son y donde las localizo-
-Son hojas que crecen en unos arbustos debajo de los arboles donde da la sombra casi todo el día. Son verdes, ovaladas y tienen manchas amarillas. Si las encuentras traémelas en seguida-
Ilphil se adentró en el bosque y buscó las plantas que le habían descrito. No fue difícil conseguir una docena. Se las llevó al curandero y éste hizo una cataplasma que puso sobre la frente del enfermo.
-Has de cambiarla cada hora siempre con agua fresca, si tenemos suerte en un par de días sanará- Eso fue lo que hizo y Ologren se recuperó en poco más de dos días.
Año 964
Ciudad de Brisel
Ilphil recibió una carta de Olorcini. El gnomo se había puesto a estudiar con Plogroc hacía unos meses. La carta anunciaba así:
“Querida Ilphil
Por aquí estamos bien. Como ves he aprendido a leer y escribir gracias a Plogroc. Es muy exigente pero ya está viejo y cansado. Se me ocurrió escribirte porque...quería saber de ti, desde que te fuiste hace cuatro años no has regresado, pensamos que lo harías muy a menudo. Tus padres te echan de menos, y yo también.
He decidido que quiero ser alquimista igual que tú, espero que hayas conseguido un maestro. Voy a esmerarme en estudiar todo cuanto pueda y espero poder hacerte una visita.
Ahora que ya sé leer esperamos pronto tu respuesta.
Te quiere tu amigo:
Olorcini.”
Ilphil escribió una carta de respuesta a los pocos días contándole todo lo ocurrido en ese tiempo y se disculpó en ella de no poder ir a hacerles una visita tanto como deseaba.

Año 965
Ciudad de Brisel
Ilphil ya había aprendido todo cuanto se podía aprender, o al menos, todo cuanto Ologren sabía y podía enseñarle, cuando éste cayo enfermo de gravedad. Unas manchas oscuras le habían aparecido por toda la piel, a los pocos días los dolores de cabeza y las fiebres eran constantes. Llegó un momento en que tuvo que quedarse en cama sin poder hacer nada. Pronto el curandero le dijo que muy posiblemente muriese en pocos días. Ilphil se sentía muy triste y lloraba a diario, realmente había cogido cariño a aquel hombre. Ologren la consolaba diciéndole que era algo natural que las personas muriesen, especialmente los viejos enfermos como él. Como él no tenía hijos puso en su testamento que todo de cuanto era dueño pasase a ser de la gnomo. Eso no la consoló tras su muerte.
El entierro fue sencillo, solo ella y Nalve y su hijo de cuatro años estaban presentes. El niño había aprendido a llamarlo abuelo siempre que iba a la tienda de relojes. Tras aceptar el testamento tuvo muchas cosas que hacer. Ahora era dueña de un taller de alquimia con

todo lo que eso suponía y, habiendo aprendido tanto en tan poco tiempo, pensó que podría abrir una tienda con productos alquímicos. A fin de cuentas la alquimia podía servir para ayudar a enfermos, al cultivo, al trabajo y en definitiva a casi cualquier cosa. Lo consultó con Nalve y éste estuvo de acuerdo.
Estaban preparando las fiestas de fin de año cuando Olorcini se presentó en la tienda. Ilphil se alegró mucho al verlo y le dio un abrazo y dos besos. “Quédate a comer” le dijo Nalve. Él acepto encantado. Se contaron todo cuanto había sucedido durante el tiempo que hacía que no se veían, pero no todo era bueno:
-Tu padre está enfermo Ilphil- le dijo con tristeza.
-¿Qué enfermedad tiene?-
-Tiene fiebres y le han aparecido unas manchas negras- dijo negando con la cabeza-no la conocemos- Aquello asustó a Ilphil quien hacía apenas unos meses había perdido a su maestro por esa misma enfermedad o al menos ella pensó que se trataba de la misma. Rapidámente hizo el equipaje para ir a visitar a su padre. Nalve trató de convencerla, quería decirle que esperara unos días e irían juntos pero sabía en cierto modo que ella iba a ir sí o sí, de modo que no insistió en que se quedara. “Si no llego a tiempo nunca me lo perdonare” le dijo.
Al día siguiente Ilphil se despidió de Nalve y su hijo, cerró la tienda de alquimia y partió junto con Olorcini de regreso a Ant.
Año 966
Pueblo de Ant
Apenas descansaron durante el viaje, eso les permitió legar cuatro días antes. Ilphil se dirigió rápidamente a su casa y se encontró con que no solo su padre estaba enfermo, su madre había cogido la misma enfermedad. Ambos estaban en cama sin apenas moverse para nada. Tisgid no obstante era quien peor estaba, la enfermedad lo había dejado postrado por completo y no podía moverse. Ilphil pensó que ya no lo quedaba mucho de vida. Olorcini la consoló cuando ésta se puso a llorar. Su madre la abrazó como pudo y le dijo:
-Todo el pueblo ha caído enfermo. El primero fue tu padre y poco a poco fueron cayendo los demás. Olorcini se marchó justo antes de que todo ocurriera, tú pareces conocer la enfermedad. ¿Qué es?, ¿de donde viene?.- Pero Ilphil no tenía respuesta para aquellas preguntas.
-No lo sé, pero mi maestro de alquimia la cogió hace medio año y al poco murió, es la misma, estoy segura- dicho esto se puso a llorar en vista de la realidad, a sus padres, a todo el pueblo le quedaban los días contados.-Ni siquiera el curandero sabe de que se trata, era la primera vez que la veía y no pudo hacer nada por salvarle la vida a Ologren- su madre quiso abrazarla pero temió que se contagiara.
-Deberías irte antes de que te contagiemos, Ilphil cariño, aquí ya no puedes hacer nada-
-¡NO!, no me iré, me quedaré hasta que..sanéis- dijo, sin embargo no tenía muchas esperanzas en esto último.
-Tu padre y yo nos alegramos de haberte visto una última vez, pero ahora, debes irte. Si es verdad lo que dices, ya se ha cobrado demasiadas victimas, el pueblo está condenado, ¿por qué has de morir tú también?- y entonces Evinther se puso a llorar. Olorcini no sabía muy bien que hacer y miraba la escena abatido. Ilphil al final decidió quedarse y cuidar de ambos hasta que llegase el fatídico momento.
Al tercer día de haber llegado, el padre de Ilphil murió. Ésta trató de contener sus lagrimas por el bien de los demás, ahora era cuando debía demostrar que era fuerte, pero la primera noche, cuando nadie la vio, lloró desconsolada. Debía ser fuerte, por su madre, ella necesitaba de sus cuidados y así fue. Era desolador para ella ver a tantas vidas conocidas sufriendo y las siguientes semanas fueron muy duras, se preguntó que clase de mal podía ser ese y como erradicarlo. Decidió que todos los enfermos incapaces de valerse por si mismos fueses trasladados hasta la granja de Cova, la más grande de todas, allí ella y Olorcini se dedicaron a cambiar cataplasmas, lavar y alimentar a los enfermos. Poco a poco iban falleciendo todos, Evinther lo hizo dos semanas después de su marido e Ilphil comprendió que todo era en balde; la enfermedad era imparable, al menos con aquellos cuidados. Detestó no ser capaz de hacer nada más y se prometió que cuando regresase a Brisel buscaría el origen y la cura para el mal que los azotaba. Mes y medio después todos los del pueblo habían fallecido, entre Olorcini y ella hicieron piras funerarias para hacer viajar el alma hasta la morada de los dioses tal y como estaba escrito. Luego emprendieron el camino a casa.
-¿Por qué nosotros no caemos enfermos?- preguntó Olorcini un día de camino. Fueron las primeras palabras en días de viaje.
-No lo sé Olo, no lo sé. Pero lo descubriré, pienso estudiar las enfermedades, buscaré donde sea necesario hasta averiguar que clase de mal es éste, no pienso perder a nadie más por su causa- respondió convencida.
-Pero Ilphil, ¿y la alquimia?-
-Estudiaré ambas cosas, y tú lo harás conmigo- afirmó sonriendo, era su primera sonrisa desde la llegada al pueblo. Por alguna razón aquello que estaba diciendo le daba ánimos, tal vez fuera porque sentía que ese era su destino. Creía haberlo entendido hace tiempo pero no, ahora se daba cuenta que su destino era aprender todo lo necesario para poder ayudar a los demás, y eso no solo implicaba la alquimia, también la medicina, la filosofía, la religión, la historia, la astronomía y cualquier otro estudio que estuviese a su alcance, pero por ahora debía pensar en su familia, hacía más de tres meses que no los había visto y seguro que estaban preocupados por ella. Tenía ganas de abrazarlos a ambos y explicarles lo sucedido cuanto antes.
Año 966
Ciudad de Brisel
Nada más regresar Ilphil dio un fuerte abrazo a ambos; padre e hijo; a Nalve le contó todo lo sucedido en el pueblo.
Dos días después volvió a abrir la tienda de alquimia y contrató a Olorcini. En los momentos en que no tenían clientes ambos estudiaban alquimia e Ilphil se dedicaba a buscar un curandero que le enseñase las artes curativas. Tardó dos meses en encontrar a un

clérigo curandero llamado Caloth que se ofreciera a enseñarla por un módico precio.
Y así, Ilphil comenzó sus estudios de medicina. Esperaba aprender rápido como sucedió con la alquimia y poder pronto buscar una cura para esa maldita enfermedad que tantas vidas conocidas le había arrebatado.
Año 967
Ciudad de Brisel
Olorcini aprendía rápido, lo que alegró a Ilphil. Ahora ya era capaz de llevar él solo la tienda, claro que aún le quedaba mucho que aprender, pero al menos sabiendo lo más básico, ella ya podía dedicarse por completo al estudio.
Fue durante el verano cuando por casualidad encontró algo que la llamó la atención; en un libro de medicina vio una enfermedad muy similar a la que sacudió a su gente y su maestro, la llamaban “la muerte negra” y era un peste de origen desconocido para la que no había cura. Buscó en más y más libros con la ayuda de Caloth hasta descubrir en uno de ellos algo que los aterrorizó. Según decía el libro algunos alquimistas de antaño modificaron enfermedades mediante la alquimia para que solo afectasen a algunas razas, dichas enfermedades fueron creadas para la Gran Guerra y al parecer podían afectar también a gentes de raza distinta proclives a enfermar.
Se sintió abatida cuando vio que no se mencionaba cura alguna.
La Gran Guerra tuvo lugar casi mil años atrás en un momento decadente del mundo. Nensair, retó a sus hermanos dioses. A causa de ser el dios más seguido entre los humanos creyó que debía ser único. Sus hermanos se opusieron como es lógico y la guerra comenzó. El lugar escogido fue la propia Kauria, la creación de los dioses y el lugar donde viven todas las razas inferiores. Cada dios se apoyó en sus seguidores a los que hicieron participes. De dicha guerra nacieron a su vez los dioses menores; Nalitha, señor de los mares, creado por Nuris para que le ayudase a controlar las bestias marinas y las mareas; Aga, diosa de la naturaleza, creada por Nyros para controlar las bestias terrestres y los bosques y montañas; Sot, señor de las bestias, creado por Nyros para controlar las bestias de fuerza sobrehumana; Amis señor de la oscuridad, creado por Nensair para que controlase la noche y corrompiese algunas bestias de Sot; y Pranos señor de la magia, creado por Antethra para que otorgara poder a sus sirvientes y que éstos pudiesen usar de forma sabia las artes mágicas. La guerra duró casi trecientos años hasta que Amis traicionó a Nensair y se retiró junto a sus discípulos a un mundo propio, según cuentan los libros, Nensair al verse inferior sin la ayuda de su mano derecha decidió rendirse. En la guerra los dragones también participaron con la mala suerte, si puede llamarse así, de que todos desaparecieron, algunos afirman que Kabliseos, el sabio, el rey de los dragones aún vive. La historia completa de la Gran Guerra desapareció y tan solo algunos resquicios de la misma son los escritos que pueden recobrarse para su lectura, de modo que se puede afirmar que es una historia incompleta.
Año 970
Ciudad de Brisel
Caloth e Ilphil estaban en su estudio echando una ojeada a un libro de medicina, si bien podría decirse que la gnomo ya sabía mucho sobre la materia eso no le quitaba el ánimo de seguir aprendiendo cosas nuevas, siempre había algo nuevo que aprender. Olorcini irrumpió en el estudio.
-Hay un caso nuevo-estaba alterado.
-Explícate le instó Ilphil.
-Un señor ha venido esta mañana a la tienda, tenía manchas por todo el cuerpo y quería saber de alguna cura- la tienda de alquimia era ahora también una consulta, Ilphil mezclaba la alquimia con la medicina para conseguir tratamientos nuevos -dice que lo tiene de hace pocos días. Es una oportunidad de estudiarlo Ilphil, tal y como querías- la gnomo desde luego estaba entusiasmada con la idea, aunque eso suponía que alguien podía morir nuevamente, sin embargo debía conseguir muestras y estudiar de cerca la enfermedad. No tenía miedo de enfermar, a fin de cuentas ya se había enfrentado dos veces a ella y parecía que no la afectaba. Rápidamente los tres marcharon hasta su tienda para ver al enfermo.
El señor se presento como Tasher, y no pasaba de los veinticinco años. Ilphil lo atendió. Le prometió que, aunque no tenía la cura, haría lo posible por conseguirla, pero para ello debía recoger muestras de sus manchas y su sangre. No presentó ninguna objeción y la gnomo consiguió sus muestras. Le dijo que volviese a los cuatro días. No le informó de que la enfermedad podía ir a peor y mucho menos que era mortal. No quería asustarlo.
Consiguió cuatro muestras de sangre y dos de piel manchada. Durante las siguientes dos semanas probó toda clase de productos sobre ellas, les hizo análisis y observó si sufrían algún cambio. Parecía que ésto último era lo que sucedía, las muestras mutaron y cambiaron su aspecto. Trató de buscar un remedio sin mucho éxito, tan solo una de las pruebas la habían convencido e intentó probar suerte, fabricó el medicamento y llamó al enfermo al cual le dio a probar su medicina. Tras semanas de observación la enfermedad no había sido eliminada pero si parecía que no iba a más. Eso alegró a Ilphil. Estaba por el camino correcto y solo era cuestión de investigar un poco más. Sacó nuevas muestras y prosiguió con sus experimentos.
Era muy tarde y debería haber ido a casa y descansar pero tenia unas muestras al fuego. Había dejado cociéndose un posible remedio y no quería dejarlo a medias. Alguien entró por la puerta. Eran su marido y su hijo, acompañados de Olorcini.
-Como no acudías a casa vinimos a buscarte por si te había pasado algo- le recrimino Nalve
-Lo siento, tengo algo entre manos y no quería regresar sin haberlo terminado antes-
-¿Y tardarás mucho?-
-No, solo cinco minutos, diez como máximo-
Nalve asintió y se sentaron a esperar.

Ilphil creyó que se le paraba el corazón cuando al regresar al laboratorio vio un frasco de un potente aceite explosivo a punto de caer sobre el fuego. Trató de evitarlo a toda costa pero resulto imposible, el aceite cayó y se hizo un gran estallido. Todo explotó por los aires.
Cuando recobró la consciencia le dolía todo el cuerpo, tenía magulladuras y heridas, y sobretodo un fuerte dolor de cabeza. El paisaje era desolador, todo hecho añicos, todo en ruinas. Ella se había salvado al ir a caer debajo de una mesa. Oía gritos en la calle, algunas personas trataban aún de apagar el fuego. Uno gritó “aquí queda alguien vivo”. La sacaron de allí, pero quizá hubiese sido mejor no hacerlo; si antes todo le parecía horrible, la visión que tuvo fue aún peor, allí, tirados en la calle, se hallaba toda su familia sin vida alguna.
-¡Noooooo!- fue la máximo que llegó a gritar. Estaban chamuscados y llenos de cortes y huesos aplastados. Olorcini tenía el cráneo partido en dos. Nalve había perdido un brazo y tenía el pecho aplastado. Y su hijo estaba completamente calcinado. El dolor que sintió en ese momento fue lo peor que pudo sentir nunca. Era el fin, para ella, para su familia. Se le quitaron las ganas de vivir y arrancó a llorar de forma desconsolada mientras se abrazaba a ellos. “Los he matado, los he matado....” se decía. Resulta imposible describir el dolor, el horror que se formaba en su interior.
Caloth acudió al lugar de los hechos y trató de llevársela de allí. No pudo. Arrancarla de los brazos de sus seres queridos le resultó una tarea imposible. Se preguntaba como era posible que una criatura tan pequeña tuviese tanta fuerza. Decidió quedarse con ella.
Año 971
Ciudad de Brisel
Habían pasado casi ocho meses desde la tragedia. Pero Ilphil seguía sin ganas de vivir. Se pasaba el día llorando y culpándose a si misma de lo sucedido. “Si hubiese llegado un minuto antes, si no me hubiese quedado hasta tan tarde, seguirían todos vivos”. Era solo una de las muchas cosas que pensaba. Caloth la había alojado en una de las estancias del templo y junto con los otros clérigos cuidaba de ella, la obligaban a comer y lavarse, incluso a dormir, a veces le daban somníferos en la comida para que se durmiese, y por supuesto la medicaban. Al principio no parecía tener mucho efecto y ella se quedó varios días en estado casi vegetativo. Apenas si se movía y hubiese muerto de no ser por los cuidados que recibía.
Un día de verano de ese año soñó con Pranos, el dios de la magia. En su sueño él le decía que debía levantarse y seguir, que su misión no se había cumplido y que postrarse en cama no iba a hacer que se cumpliese sola. Lo soñó varias veces más hasta que por fin dejó de autocompadecerse. Se dijo que no podía continuar así, que debía salir a la calle y regresar al mundo. Eso era algo que Caloth le había repetido muchas veces. “Viajaré, sí, eso es lo que haré. Viajar hasta el fin de mis días” pensó. Salió de la habitación decidida a hablar con Caloth.
Lo encontró en su estudio como era habitual. Éste se sorprendió al verla.
-¡Vaya!, esto si que es una sorpresa agradable. No esperaba verte levantada- había visto su evolución, un cambio esperado pero lento, aún así fue sorprendente para él el verla tan animada, claro que no era nada comparado con lo que ella solía ser.
-Me voy Caloth, me voy bien lejos, donde el pasado no pueda encontrarme-
-Ilphil, el pasado te encontrará haya donde vayas, has de aprender a vivir con él- esas mismas palabras se las repetía constantemente. Ella negó con la cabeza.
-Lo sé. Pero siento que éste ya no es mi sitio. Aquí lo he perdido todo y necesito buscar...algo. Aunque no sé bien lo que es- respondió firme.
-Está bien amiga. Pero vayas donde vayas cuídate y recuerda siempre quien eres. Llévate los libros que necesites y no dejes de aprender . Tu perdida no debe influenciar en tus decisiones-
Ilphil asintió y acto seguido se fue a preparar el viaje.
Fue hasta el lugar de los hechos aquel mismo día, partiría al día siguiente, ya lo tenía decidido. El lugar estaba todo destrozado y se puso a recordar el fatídico momento. “Fue una mala idea venir aquí” se dijo, y se marchó hasta la relojería. Allí también recordó cosas de su pasado, pero todo era bueno y positivo. En la puerta colgó un cartel de “En venta. Preguntar por Caloth en la biblioteca del templo de Antethra”, las personas de la calle apenas sabían leer y escribir pero el simple hecho de ver un cartel era suficiente para preguntar a alguien que si supiese y además sospechaban que se trataba de una venta. Dio las llaves del local a Caloth tras recoger todo cuanto necesitaba de allí dentro y le dijo que lo demás, así como el dinero de la venta. Él le dijo que no quería el dinero y que se lo guardaría hasta su regreso a la ciudad, cosa que esperaba que fuese pronto. Ella asintió.
Al día siguiente antes del mediodia se marchó. Echó una mirada atrás a la ciudad y continuó por el Camino Real. No sabía su destino. Solo empezó a caminar al este. Hacía la ciudad de Fonnemme.

Año 971
Ciudad de Fonnemme
Caminó sola durante semanas. Pasó por los valles de las flores, las montañas de Kile, cruzó el río Saeis, estudiaba cuando descansaba y se unió a alguna caravana que iba en su misma dirección, hasta que por fin llegó a Fonnemme. La ciudad no era tan espectacular como Brisel pero sin duda imponía. La falta de murallas le daba un toque más hogareño y menos claustrofóbico. Las calles estaban adoquinadas como en Brisel, pero no había río que la atravesase ni tenía edificion tan altos. Los templos era lo más grande que se podía encontrar en ella.

Buscó una posada donde alojarse. Encontró una que estaba bastante decente y pidió habitación. Aunque no tenía muy claro cual iba a ser su próximo paso se dijo que debería buscar un lugar con un alquiler barato, luego podría ponerse a trabajar en algún sitio, tenía dinero ahorrado pero el dinero no dura eternamente. El problema era que no deseaba volver a la alquimia ni la medicina. Aquella búsqueda desesperada de la cura fue lo que la llevó a perder a su familia. Al menos eso pensaba.
A los pocos días de llegar encontró un casa en alquiler, su dueño era un hombre ya mayor que no tenía familia, pero que debido a una herencia familiar de hace años tenía en su haber dos casas, una era en la que él vivía, y la otra estaba sin habitar debido a que el antiguo inquilino murió. El hombre no necesitaba mucho dinero y le dejó el alquiler muy barato.
Buscó trabajo en diferentes sitios hasta que la contrataron en una tienda de ropa. A pocos metros había una herrería y se podían oír los golpes continuos, a Ilphil le resultaba curioso la forma de trabajar del herrero y se preguntó si ella no sería capaz. Pero era imposible, ella era mujer y gnomo, no tenía bastante fuerza. Eso pensó. Unas semanas más tarde observó que el herrero estaba trabajando en una espada. Le preguntó y resultó ser para un caballero de no muy alta nobleza, pero sin duda era un trabajo que no podía rechazar. Ilphil vio la forma de la espada de cerca y por alguna razón ella la imaginó de otra forma, con un mango más fácil de manejar, menos pesada y más afilada. Se lo dijo al herrero pero éste la ignoró diciéndole que “qué va a saber una gnomo de espadas”. No obstante aquello a Ilphil le pareció interesante. A veces se le pasaba por la cabeza alguna fórmula de alquimia que hiciera más fácil el trabajo del herrero, como un material que permitiese moldear el hierro fácilmente, sin necesidad de golpearlo tanto. No estaba muy feliz por pensar en la alquimia, pero no podía evitarlo. Tal fue la cosa que pronto compró aparatos de alquimia y fabrico un liquido que calentaba el hierro hasta el punto de hacerlo moldeable sin necesidad de dar tantos golpes o aplicar mucha fuerza. Más tarde se arrepintió y se prometió que nunca más lo haría. Le pidió al herrero trabajar en su taller pero éste le pidió dinero por usar sus herramientas e Ilphil no dudó en pagar.
Le salió una espada casi perfecta, el herrero quedó estupefacto y se preguntaba como era posible.
-¿Has trabajado alguna vez de herrero?- le preguntó.
-No, pero te he estado observando y creo que eso fue suficiente, solo te he emulado-
-Es increíble el herrero cogió la espada- ¿como es posible que seas capaz de hacer algo así sin haber trabajado nunca en una herrería?, y, ¿qué es ese liquido?-
-Es una invención mía que permite trabajar mejor el hierro, creo que aún falta perfeccionarlo, y también mi técnica.
-Entiendo. ¿Te gustaría ser mi aprendiz?. A cambio me gustaría disponer de ese liquido-
Ilphil sonrió y dijo que se lo pensaría.
“¿Y por qué no?” se preguntaba cada vez que salía del trabajo, veía la herrería y sentía ganas de acudir y aprender. Lo malo era que debería volver a trabajar en la alquimia, pues esa era la condición del herrero. “Bien pensado no es para tanto” se dijo un día por la mañana nada más levantarse. Se dirigió a la herrería y le dijo al herrero que aceptaba si aún estaba dispuesto a enseñarla. El herrero se presento como Malok y aceptó encantado, según dijo. Ilphil se fue a la tienda a decir que dejaba el trabajo.
Ilphil no comprendía las razones, pero como ya le ocurriese con la alquimia y la medicina sentía que había nacido para esto. Claro que si no fuese por su liquido alquímico el trabajo le resultaría muy pesado, pero ahora mismo eso no le importaba. Lo que ella quería era aprender todo lo necesario para ser buen herrero.
Año 982
Ciudad de Fonnemme
Perfeccionó tanto su técnica que se hicieron famosos por todo el reino. Incluso los nobles de más alta cuna iban a pedirles armas y armaduras. Malok con el dinero que ganaba compró una local más grande. Pasados cuatro años habló con Ilphil porque no le parecía justo que ella hiciese casi todo el trabajo teniendo un sueldo tan bajo, de modo que le dijo que quería que fueses socios. Ella aceptó encantada.
Ese año entró en vigor una ley que prohibía por completo la alquimia. Ilphil no podía creérselo. Por lo visto un nuevo humos (el equivalente hoy en día a un obispo), llamado Grutberg era contrario al arte de la alquimia y convenció al Sumo Sacerdote de que era la magia del mal. El Sumo Sacerdote ordenó entonces la prohibición en todos lo reinos conocidos y se trató a los usuarios de alquimia como personas non gratas, se creó un consejo inquisitorial que se dedicaría a perseguir a todos aquellos que realizasen la alquimia tachándolos de brujos. Ilphil no tuvo más remedio que dejar de usarla para evitarse problemas, y aunque su técnica era bastante buena, sin el liquido era imposible conseguir objetos de la misma calidad. Malok se enfadó con ella tras una charla en la que la incitaba a seguir usando su alquimia, pero Ilphil se negó y él decidió romper la sociedad. Ilphil no tuvo más remedio que dejar de trabajar como herrera.
Decidió que era el momento del cambio. Sin trabajo ni casa propia nada la retenía allí, además tenía el temor de que alguien la denunciase y fuesen a investigar si aún estaba usando la alquimia, ya lo había oído con anterioridad y creyó que solo era cuestión de tiempo que le tocase a ella. Hizo el equipaje, cogió sus ahorros y se dirigió al norte aún sin saber su destino.


Vampiros en el rol. ( O el cine, el teatro, la literatura...)

Un vampiro debería ser un ente despreciable en todos los sentidos, feo, horrible de ver, con la cara medio deformada, la piel cayéndole a tiras y unos dientes que asustarían al más valiente, que necesita la sangre para seguir viviendo y para esto destrozará al primer humano que se le cruce por delante. No me creo para nada esos vampiros modernos de corte elegante, guapetes de cara y seductores, personalmente me causan más risa que otra cosa. Anne Rice tiene mucha culpa de estos últimos.
En mis partidas de rol no suelo sacar muchos vampiros pero os aseguro que el día que saque uno será como el primero, y será un ser tan vil y despreciable como peligroso.

 Este vampiro da risa.


Este vampiro mola.

jueves, 20 de octubre de 2016

Reseña: Trancenómium.

Páginas: 165
Autor: Aitor Bertomeu
Formato: PDF
Tipo: Humor, acción, amores extraños, misterio, paranoia, fantasía urbana.

ATENCIÓN: CONTIENE SPOILER


Un joven atrapado con su perro en una delirante aventura nocturna.
Un montañero enfrentado a un desafío inimaginable.
Un hombre que mantiene una relación muy poco beneficiosa para su cordura.
Una chica incapaz de distinguir entre la vigilia y el mundo de los sueños.
Un profesor de matemáticas sometido a un juego mortal.

Todos ellos tienen algo en común. Su mundo se viene abajo con la llegada de un hecho inexplicable.Un encuentro con lo absurdo, lo surrealista, lo ilógico. Pero no son héroes, ni tampoco lo pretenden. Son personas corrientes, sin más propósito que escapar del caso y volver a la cotidianidad de sus vidas. Sucumbirán a la risa tonta, nerviosa, de la desesperación. Recurrirán a inesperados mecanismos de supervivencia. Pero, sobre todo, se preguntarán si lo que sucede es real o solo está en su cabeza. Y tú que lees esto también lo harás.


La noche del chihuahua.

Miguel es un chico vive junto a su novia Tania en un apartamento que los mantendrá hipotecados de por vida, allí viven un tórrido romance de amor y sexo cuando un suceso aparentemente normal hará que la vida de Miguel cambie en cuestión de minutos, el perro de ambos quiere salir a hacer sus cosas, cuando Miguel sale a pasear con su perro y de paso devolver una película en el videoclub, algo extraño le hará vivir la mayor aventura de su vida.

La historia nos cuenta como Miguel viaja junto a su perro 18 años en el futuro, cosa que descubre cuando pilla a su novia con otro tío dándole al tema en la cama.
Miguel descubre la verdad y de repente todo su mundo se vuelve un caos, no puede creer que le pasen esas cosas y lo que más le duele es haber perdido a su novia.
Miguel decide entonces encontrar el modo de regresar a su tiempo, regresar junto a su novia y recuperar su vida.

Este relato podría describirse como hilarante, romántico y con un toque de ciencia ficción. Lejos de lo que podemos esperar el relato no se vuelve aburrido ni demasiado surrealista, salvo por el hecho claro está, de que ha viajado en el tiempo, es una burla bajo mi punto de vista de todas esas historias de ciencia ficción en la que la acción cuenta a cada paso, aquí no, aquí trata el tema con más humanidad y le da más importancia al hecho de que el protagonista acaba de perder su vida.Un cuento corto en el que lo más importante es reírse de las desgracias del protagonista. Aunque si os digo la verdad, si os ponéis en la piel de Miguel, el relato puede llegar a ser triste pese a su toque de humor, y es que, a nadie le gustaría verse en esa situación.

El desafio

Tres amigos aficionados al montañismo deciden escalar el Aneto. Pero no todo será fácil, el mal tiempo dificulta la subida y por si fuera poco los rumores hablan de personas que suben y ya no regresan. El protagonista de esta historia descubrirá muy pronto a que se deben esas leyendas.

En este relato encontramos más acción que en el anterior pero sin olvidar los toques de humor y surrealismo. Allí, en la cima del Aneto nuestro protagonista deja atrás a sus dos compañeros para encontrarse con una situación surrealista, un personaje sacado de algún libro de historias medievales dice haber estado esperándolo, a pesar de las suplicas del protagonista y de insistir en que él no es quien cree el misterioso personaje, se ve envuelto es un desafio por lo visto concertado por él y el señor de la cima. Ambos se enzarzaran en un duelo a muerte.

Si bien resulta divertido y entretenido he de confesar que no me he reído tanto como con "la noche del chihuahua", quizá en parte, porque este parece un tanto más serio, si es que meter a un hombre sacado de épocas anteriores en medio de la nada puede considerarse serio. Es como que me ha dejado un sabor agridulce.

Jacinta

Obdulio vive con su novia Jacinta pero esta, que es muy tradicional, le da un ultimátum: o se casa o lo deja. Obdulio reacciona entonces diciendo que no pueden casarse por que, ¡ella no es real!, solo está en su imaginación.

Obdulio está enfermo, sufre de esquizofrenia y la mitad de su vida es una mentira, con amigos, familia y novia imaginarios, sin embargo él quiere a su novia pese a saber que es una alucinación. Todo se complica cuando, en una visita a su psiquiatra, Jacinta se enrolla con el médico de Obdulio. En un arranque de celos Obdulio pretende averiguar la verdad, si es cierto que Jacinta es una alucinación o si por el contrario han estado jugando con él.

Surrealista relato que confundirá al lector, a mi no me quedó claro al final que era real y que falso, y esa es la gracia de este relato, que no por eso deja de ser divertido. Creo que de los mejores del libro pese a su duración.

Azul

Lucia conoce al chico de sus sueños en un bar, pero hay un problema, ella ya tiene novio. Pronto se verá envuelta en una encrucijada entre el mundo real y el de los sueños, porque eso es su chico ideal, un sueño.

La locura se mezcla con la razón en este relato. Lucia llega hasta el punto de no saber si todo lo que vive esta solo en sus sueños o si por el contrario todo es real. Ella quiere ser fiel a su novio, pero la pasión la consume y se ve envuelta en un viaje con un destino incierto.

Este relato se me hizo largo y aburrido. No quiere decir que no tenga sus cosas, la forma en la que el escritor nos muestra la realidad de los sueños está muy bien llevada, sin embargo me ha faltado conectar más con el personaje de Lucia y su príncipe Azul, ambos a mi parecer, muy egoístas, ella porque solo piensa en la lujuria que despierta su ser soñado sin importar a quien haga daño, ya sea su novio o a Azul, y él porque solo piensa en si mismo y no le importa que una tercera persona resulte herida. El más flojo de todos.

Necesita mejorar

Manuel, un profesor de matemáticas ve truncada su vida por un ex-alumno suyo que busca venganza. ¿Se trata solo de un psicópata o tiene razón?. Manuel está a punto de averiguarlo.

El profesor despierta solo en una habitación, no recuerda como ha llegado allí pero se enfrenta a una puerta con varias cerraduras y un problema matemático parece tener la solución. Una vez sale de la habitación se irá encontrando con pruebas cada vez más duras.

Relato de acción surrealista bastante intenso aunque algo corto, me hubiese gustado ver más sadismo en las pruebas, a la vez que haber visto más pruebas. Lo poco que dura se hace entretenido y pasable dentro de lo que cabe. No me ha entusiasmado.

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En definitiva trancenómium es un libro de cuentos surrealistas que pueden gustar más o menos, pero que en ningún caso te resultarán indiferentes. Al tener solo 165 páginas es recomendable para pasar una tarde en la que no tengas nada que hacer, te divertirás y te plantearás si todo lo que ves es real o solo ficción.

Por último darle las gracias a http://www.chica-sombra.com/ por haberme dado la oportunidad de leer este libro.

Nota: 3,5 / 5.


domingo, 16 de octubre de 2016

Crítica: Whiplash

La película nos narra la vida de Andrew un estudiante de música jazz que busca ser el mejor, y para eso necesita al mejor profesor.
Fletcher es el mejor y cuando se fija en Andrew no duda en darle un puesto en su banda. Sin embargo no todo será un camino de rosas. Fletcher es un profesor muy estricto, tanto que recuerda a un sargento del ejército y hace la vida imposible a los alumnos, eso no bastará para que Andrew deje de luchar por sus sueño, porque de eso trata esta película, de sueños, de como resulta difícil alcanzarlos y que se necesita darlo todo para conseguirlos, todo se trunca cuando Fletcher lleva al extremo a Andrew y este termina por denunciarlo por sus métodos, bajo presión eso sí, los cuales parece que han llevado al suicidio a un ex-alumno,Andrew después de eso abandona la música. Y no les contaré más sobre el guión.
Whiplash es brillante, emocionante y sincera. Con unas actuaciones muy bien llevadas, con una banda sonora excelente, (sobretodo si te gusta el jazz) y con un argumento que atrapa. No diré que es perfecta, porque la perfección no existe, pero se le acerca. Señores y señoras, esto es cine de verdad, del que ya se ha olvidado por muchos.

Nota: 4,5 / 5

viernes, 14 de octubre de 2016

Crítica: Inside Out (del revés)

La película parte de una buena idea. Nos muestra el mundo de una niña narrado desde el punto de vista de las emociones. Alegría, tristeza, ira, miedo y asco.
Sin embargo, pese que se trata de una película de humor se hace pesada y larga. Incluso diría que es bastante triste en ocasiones.
Lo bueno de la película es el apartado visual al que nada se le puede reprochar, pero fuera de ahí no aporta nada más.
El mensaje es que todas las emociones son necesarias para vivir.

Nota: 3 / 5.

sábado, 1 de octubre de 2016

Crítica: Un espía y medio

La película en sí funciona como comedia y como película de acción.
Quitando algunos chistes desafortunados todo lo demás funciona bastante bien, todo lo bien que cabría esperar de una película de este tipo. Sin demasiadas pretensiones con el guión, el cual juega al despiste todo el tiempo, lo mejor de la película es la química que desprenden los dos protagonistas.
Para pasar un rato sin pensar.
El final es un poco raro.

Nota: 3 / 5.